Cooperativa de Editores de Medios de Buenos Aires
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Alma de barrio, corazón de papel

Para muchos es un secreto a voces: desde hace décadas se vislumbra el ocaso del que fuera el soporte madre del periodismo: el papel. Su desaparición, a manos de la avasallante era digital, resulta inexorable. Y la pandemia, con su vasto menú de encierros y restricciones, se mostró como la encargada de darle la estocada final. Sin embargo, en esa lenta pero irreversible agonía, un diezmado ejército de nostálgicos –en el que nos incluimos- se muestra empecinado en dar pelea hasta el final.

Mientras tanto, son varios los sectores vinculados al mercado de los diarios y revistas en papel que vienen dando señales contundentes de la llegada del apocalipsis gráfico. Tal vez la muestra más acabada sea la dura realidad que enfrentan los canillitas. El paisaje está a la vista: desde que en marzo de 2020 la pandemia se instaló en nuestro país, cerca de la mitad de los puestos de diarios y revistas que funcionaban en el barrio optó por cerrar definitivamente sus puertas. Otros, en cambio, en el afán de esquivar la crisis, trataron de diversificar el rubro y comenzaron a utilizar los escaparates del puesto para otros menesteres, como la venta de juguetes, figuritas o autitos de colección.

Como sea, todos coinciden en que, con la pandemia, la venta de diarios y revistas se redujo, al menos, en un cincuenta por ciento y terminó de sellar la suerte de muchos canillitas que ya venían maltrechos desde hacía años. En sintonía con esa realidad, la tirada de los grandes diarios nacionales se redujo considerablemente –hasta niveles inéditos- y esa caída fue directamente proporcional al incremento constante y sostenido de la audiencia digital. Es que el golpe impactó con fuerza en una industria ya debilitada por la caída de las ventas de ejemplares y de la publicidad, sus dos principales fuentes de ingresos.

Por otra parte, la vorágine informativa y la inmediatez que supone la noticia, ya no pueden darse el lujo de esperar. Hoy, más que nunca, la noticia se ha convertido en un bien ultra perecedero. Aunque se empecinen en seguir marcando agenda, lo que se informa en los diarios ya es viejo, ya fue publicado y replicado una y mil veces en portales digitales y redes sociales. Tal vez por eso, seguir intentando dar pelea resulta tan inútil como desgastante.

Pero bajo ese cielo encapotado por los densos nubarrones que preceden al huracán, los periódicos barriales no bajan la guardia e intentan surfear con dignidad el mar de la crisis. Para eso, claro, cuentan con un elemento vital: el apoyo incondicional de los lectores o, en otras palabras, de los vecinos, que los saben parte del quehacer barrial.

No obstante, lejos de estar exento de la crisis que sacude a la prensa gráfica, el periodismo barrial también se vio en la obligación de reinventarse. Es que más allá de la imposibilidad de nadar contra corriente, resulta ridículo -y hasta incluye cierta dosis de necedad- oponerse a los incontables beneficios de la era digital. Por eso, desde hace más de un par de décadas Cosas de Barrio cuenta con un atractivo sitio web en el que difunde diariamente los sucesos y noticias del acontecer local, al que acceden miles de usuarios ya no solamente como vecinos del barrio, sino desde cualquier punto del planeta. Material que luego, incluso, es replicado en las diversas redes sociales.

Pero en ese proceso de reinvención, y en el afán de no claudicar, mantenemos mensualmente la edición papel, en cuyas páginas ya no fluye tanto la efervescencia de la noticia, sino más bien las historias y los retratos de vecinos e instituciones locales a los que no los corre la necesidad de la primicia. Y algo más, seguimos manteniendo la gratuidad en la distribución, porque, aunque suene a slogan de campaña, Cosas de Barrio no se vende.

Apenas esos pocos elementos nos bastan para permitirnos seguir disfrutando cada mes del inigualable aroma del papel con tinta, aunque ahora endulzado por la nostalgia. Porque como alguna vez dijo Umberto Eco, “es una alegría que aquellos diarios y libros estén todavía allí, como garantía para cuando los instrumentos electrónicos nos fallen”.

Lic. Ricardo Daniel Nicolini

cosasdebarrio@hotmail.com

cosas de barrio – Editorial