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Economía popular y ciencia y tecnología, ¿qué posibilidades de vinculación existen?

La economía popular, como sector emergente, no se ha encontrado históricamente en la agenda prioritaria de las instituciones científico-tecnológicas. La experiencia de Farmacoop la cooperativa de Villa Lugano

Hablar de ciencia y tecnología suele remitirnos a pensar en grandes desarrollos como reactores nucleares y satélites, o laboratorios habitados por personas vistiendo guardapolvos blancos. A priori parece un mundo alejado de las vicisitudes de la economía popular, que se estima se encuentra conformada actualmente por alrededor de 6 millones de trabajadores y trabajadoras. No obstante, existen precedentes de trabajo conjunto.

Entre 2011 y 2014 el entonces Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva ejecutó el Programa Consejo de la Demanda de Actores Sociales (PROCODAS) con el objetivo de financiar proyectos de presentación conjunta entre instituciones de investigación y universidades, por un lado, y asociaciones civiles y cooperativas, por el otro. Por su parte, durante esos años el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) ha trabajado en asistencia tecnológica a la demanda social, la creación de portales de compra virtuales para productos de la Economía Social y la asistencia a la red de Apoyo al Trabajo Popular (ATP).

El lunes pasado, 2 de noviembre, durante el 8vo encuentro del ciclo de charlas “¿Qué posibilidades tiene el desarrollo científico tecnológico en la Argentina de hoy?” de la Agrupación Rolando García (ARG) tuvimos la oportunidad de discutir qué posibilidades de vinculación existen entre la economía popular y la ciencia y tecnología. Y es que resulta que el título del ciclo remite a las discusiones que se dieron en los 70s en torno a lo que se conoció como Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Desarrollo (PLACTED).

La actualización de esta corriente de pensamiento no puede eludir abordar ciertos sectores emergentes, como es hoy la economía popular. Con este objetivo, contamos con dos figuras con amplia trayectoria en la materia, Enrique Martínez y Florencia Tiseyra. El ingeniero Enrique Martínez es Coordinador del Instituto para la Producción Popular, ex-decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires y ex-presidente del INTI durante los períodos 1986-1988 y 2002-2011. Por su parte, la farmacéutica Florencia Tiseyra es Directora Técnica de la cooperativa Farmacoop, el primer laboratorio farmacéutico del mundo recuperado por sus trabajadores, y Directora del Centro de Profesionales Farmacéuticos Argentinos (CeProFAr).

Luego de una breve introducción a cargo de la Agrupación, Martínez definió lo que se puede entender desde su concepción por economía popular. Puntualizó que se trata de un término estrictamente argentino, acuñado por los movimientos sociales excluidos de la “economía central”, que refiere a la forma de organización de los sectores más humildes y postergados. Agregó que, desde su óptica, el concepto se enriquece si se incorpora la visión de privilegiar las necesidades comunitarias por sobre el lucro.

Analizando la relación que se ha dado hasta ahora entre la economía popular y las instituciones de ciencia y tecnología, Martínez remarcó que los organismos con mayor participación han sido aquellos tradicionalmente ligados a la transferencia de tecnología, como el INTI y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

Según su visión, se ha priorizado el asistencialismo como apoyo hasta permitir su integración al sistema, más que considerar este sector como una entidad particular con una lógica propia y un posible camino independiente. Opinó, además, que debieran favorecerse mecanismos mediante los cuales los investigadores puedan vincularse más fácilmente con pequeños productores.

Repasando su accionar al frente del INTI, Martínez recuperó líneas de trabajo desarrolladas para responder a necesidades de poblaciones vulnerables, como el tratamiento de arsénico en aguas para regiones aisladas en el Impenetrable Chaqueño, mejoras en el hilado de la lana y el procesamiento del chaguar que permitieron aumentar 6 veces la productividad, la redefinición de los usos de la carne de llama y otros. Destacó como sobresalientes las importantes enseñanzas dejadas por estos procesos en ambas partes, los productores y los tecnólogos.

Florencia Tiseyra, Directora Técnica de Farmacoop, destacó durante su intervención las complejidades de recuperar una fábrica farmacéutica centenaria que supo ser la primera en producir sueros en el país. Tras su quiebra y clausura en 2016, y luego de acampes y cortes de calle, en 2019 se comienza a poner en marcha las plantas productivas de Villa Luro y Villa Lugano bajo la forma de cooperativa. El alejamiento de personal calificado y el requerimiento de adecuación a la normativa de calidad a cumplimentar, en esa rama de la producción, fueron en ese momento los principales desafíos para reactivar la producción.

En primer lugar, y ya en el marco de la pandemia, encararon la reconversión de la planta de cremas para producir alcohol en gel a pedido del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. Frente al desabastecimiento de ciertos insumos a nivel mundial, la farmacéutica mencionó que debieron desarrollar una fórmula innovadora para la producción de este antiséptico clave en la lucha contra la pandemia. Este producto fue comercializado a un precio menor, “precio justo” en palabras de Tiseyra, al imperante en el mercado, lo cual fue posible debido a la concepción particular en Farmacoop del rol de la economía popular en la salud.

En este sentido, la farmacéutica recuperó la figura de los laboratorios públicos de producción de medicamentos y vacunas como un caso valioso en el que la salud es interpretada de otra forma, en consonancia con el nuevo lema de Farmacoop: otra salud es posible. Como paso siguiente, Farmacoop recibió la propuesta del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas de generar una Unión Transitoria de Empresas (conformada por Farmacoop y la empresa de base tecnológica Bamboo Biotech creada por investigadores del CONICET) para la producción de kits de detección de anticuerpos producidos por la infección con SARS-CoV-2.

Debieron readecuar ediliciamente un área de la planta y acondicionarla para mantener la humedad por debajo del 30%. Claramente, un gran desafío en la ciudad de Buenos Aires.

Pasando al análisis futuro, Martínez planteó que la economía popular debería pensarse orientada a la atención de necesidades comunitarias más que en la puja por insertarse en la economía capitalista tradicional. En este sentido, bregó por el derecho a la tierra y al capital.

Con respecto a los métodos de producción, remarcó la necesidad de complementar los “saberes ancestrales” con otros tipos de conocimientos, la responsabilidad en la forma de comunicar ciertas innovaciones y la importancia de encarar proyectos productivos de forma planificada, integrando participantes con distintos tipos de saberes y articulado teoría y práctica.

De otra forma, el riesgo es, en sus palabras, caer en un “diálogo de sordos”. En este punto, enfatizó que las instituciones con mayor responsabilidad de participación en estos procesos son las de la academia y aquellas con mayor presencia territorial. Por último, y tras ser consultado por el rol de la economía popular en la cuestión ambiental, Martínez trazó un paralelismo entre la economía popular local y las “empresas sociales” de los países centrales, centradas en resolver problemas por encima de la esfera personal como es el caso de las cuestiones ambientales.

Finalmente, Florencia Tiseyra ponderó los principales desafíos para la consolidación de una cooperativa como Farmacoop en el escenario actual. Apuntó la finalidad de tener un perfil productivo y no de subsistencia, así como la necesidad de reactivar la planta de producción de medicamentos junto a las aproximadamente 200 patentes que pertenecían al laboratorio Roux-Ocefa (hoy Farmacoop). Reforzó también el objetivo de construir conocimiento en forma colaborativa, recuperando la figura del Triángulo de Jorge Sabato para procesos innovativos con sus tres vértices de gobierno, empresas y sector científico-tecnológico.

En conclusión, durante el encuentro virtual se desarrolló un interesante intercambio de ideas poniendo en diálogo la visión proveniente desde la gestión de uno de los organismos de ciencia y tecnología más importantes del país con una experiencia particular de una cooperativa que apuesta a ponerse de pie y ser un jugador relevante en la industria farmacéutica local. Frente a la creciente concentración de la economía a nivel global, la economía popular se consolida como un ámbito de organización para las y los excluidos. En ese contexto, se pone de relieve la necesidad de un complejo científico y tecnológico que potencie las respuestas locales trabajando en conjunto junto a estos sectores. Para promover este y otros debates, la Agrupación Rolando García continuará con su ciclo de charlas “¿Qué posibilidades tiene el desarrollo científico tecnológico en la Argentina de hoy?” en su canal de youtube. Sobre nota de Nicolás Chiarante publicada en El País Digital

 

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