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Una vecina de Saavedra fue premiada por sus fotos de la toma de Guernica

Verónica Raffaelli, fotógrafa y vecina de Saavedra, fue premiada por su trabajo en la toma de tierras de Guernica. “Intento cubrir acontecimientos o sucesos que considero fundamentales para denunciar las desigualdades del capitalismo y para reclamar por la ampliación de derechos”, contó en diálogo con este medio.

Una de las fotos tomadas de la vecina recibió el tercer premio en el Concurso de Fotografía y Derechos Humanos otorgado por la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires.

El trabajo de Raffaelli puede verse en su cuenta de Instagram. “Sacar fotos me apasiona, conecto con mi necesidad de contar, de decir, de expresar”, define y señala que se vale “mucho de otras artes a la hora de componer, especialmente del cine, la música y la literatura, porque son las que me conmueven profundamente”.

“Sacar fotos es un acto muy liberador y además genera un vínculo especial entre vos misma y lo que estás fotografiando, sean personas, lugares, objetos, paisajes”, nos dice.

Si bien vive en el barrio hace 10 años, lleva “una vida acá” por su familia, presente en este territorio hace casi un siglo. Así, parte de su trabajo es una defensa identitaria: “Me da mucha pena ver como hay cosas que van desapareciendo o que, mejor dicho, nos van robando. Fábricas que hoy son edificios con departamentos de lujo, bares emblemáticos por donde ha pasado la historia viva de Saavedra que hoy son supermercados o concesionarias de autos. La fotografía me ayuda a poder rescatar(me) por lo menos algo de todo esto que siento que ya no está, o que no existirá más dentro de poco”.

-Cuándo descubriste que te gustaba la fotografía? Hay algún hecho concreto o fue un proceso? 

-Es imposible no contestarte que fue un proceso ya que considero que todo lo es. Si me pongo a historizar mi gusto por la fotografía puedo decirte que de muy pequeña. Siempre fui la que tomaba las fotos en la familia y la que se quedaba horas mirando fotos guardadas en cajones y viejos álbumes familiares, sea en mi propia casa o en las de mis abuelxs.

No sé con exactitud en qué momento me di cuenta que podía generar mis propias imágenes. Creo que el primer paso fue ese y luego vino el animarse. Ese fue el momento, hace como 10 años, en el que hice mi primer curso de nociones básicas de fotografía. A partir de ahí fue un camino a veces in crescendo y  otras veces con altibajos, dado que lamentablemente el rubro de la fotografía no es nada barato y por momentos era complicado acceder a una cámara con la que me sintiera cómoda para crear.

En un principio trataba de aprovechar y disfrutar  de las cámaras familiares. Primero fueron las analógicas automáticas, luego llegaron las compactas digitales. Con el tiempo pude comprarme mi primer cámara y a partir de ahí fue todo más fácil. Tener una herramienta que conocés, con la que sentís cómoda, es fundamental porque te sentís más libre para crear y trabajar.

-¿Cómo fue tu formación? ¿El trabajo de qué personas admirás o te sirve de guía?

-Pienso que la formación es un proceso necesariamente constante en el ámbito de la fotografía. Siempre teniendo en cuenta que además es fundamental una amplia cuota de creatividad, originalidad y labor artística. Por eso la práctica misma, el laburo con colegas, el debate, las conversaciones, asistir a talleres sobre cuestiones específicas en la que quieras profundizar o incurrir es parte imprescindible de esa continua formación.

En mi caso, comencé con talleres introductorios en lo que respecta a técnica y teoría y luego fui adentrándome en los territorios fotográficos que más me interesaban, la fotografía documental y el fotoperiodismo (claramente influenciada por mis estudios anteriores en humanidades –soy profesora de historia-). Poco después me di cuenta de que me seducía mucho la fotografía artística así que también comencé a frecuentar cursos y talleres relacionaos con ese ámbito.

Por el momento, esos son los campos de la fotografía en los cuales me formé (y sigo formándome) porque hasta ahora son los que me mueven y me conmueven.

Hay muchos trabajos o personas que admiro. Nan Goldin es una de mis fotógrafas predilectas, su obra combina lo artístico y lo documental de una manera brillante y es en ese aspecto, entre otros, que fue completamente disruptiva. Además el tratamiento del color que tienen sus fotografías me parece sensacional. Otro trabajo que me gusta mucho también es el de Martin Parr. Creo que interpreta y representa como casi nadie la sociedad actual del capitalismo tardío. Y, obviamente, no podría dejar de mencionar a uno de los grandes pioneros en la revolución de la fotografía documental que fue Robert Frank.

 

-¿Qué es lo que más te gusta sobre sacar fotos? ¿Disfrutás más el momento en que hacés las fotos o luego editándolas?

-Sacar fotos me apasiona, por muchos motivos. Uno es que conecto con mi necesidad de contar, de decir, de expresar. En ese sentido es un acto muy liberador y además genera un vínculo especial entre vos misma y lo que estás fotografiando, sean personas, lugares, objetos, paisajes, etc. Lo que fotografiás tiene mucho de afuera, del otro, de lo otro, como así también mucho de vos. Lo fotografiable está atravesado necesariamente por tu interpretación, por lo que hace que eso que fotografiás te movilice y por lo que vos elegís quedarte de eso para mostrarlo al mundo. En definitiva, algo es fotografiable porque una lo considera como tal. Partiendo de eso todo lo que hagas tiene una carga de absoluta subjetividad.

A partir de esto puedo decirte que disfruto más todo el proceso previo y el momento de la ejecución y un poco menos la etapa posterior de postproducción, ya que este último es un  trabajo menos emocional o más “técnico” y también más solitario.

-Hay fotos a color y en blanco y negro en tu cuenta de Instagram. ¿Tenés alguna preferencia o eso depende de lo que estés mostrando?

-Hoy te puedo decir que me atrae mucho más el color. Hace un tiempo que lo estoy estudiando más a fondo, especialmente todo lo que tiene que ver son sus posibilidades expresivas. Aun así, el ByN también me gusta y no lo descarto en absoluto. Pienso que la decisión de editar una foto en ByN tiene que ver con lo que quiero mostrar. Hay veces que dependiendo de la foto me doy cuenta de que el ByN funciona mejor. En ocasiones suelo editarlas tanto en color como en ByN y después decido con cual me quedo. Pero hoy por hoy estoy eligiendo trabajar más con el color.

-En tu cuenta hay muchas fotos del barrio de Saavedra, ¿Qué es lo que más te gusta del barrio a la hora de tomar fotos? ¿Qué lugares te parecen más destacados?

-Con el barrio me pasa algo particular que me provoca una mezcla de enojo y profunda tristeza. Me da mucha pena ver como hay cosas que van desapareciendo o que, mejor dicho, nos van robando.

Es algo que puedo vivenciar a través de mi propia experiencia pero también a partir de los relatos de otras personas, como mis xadres, mis tíxs y mis abuelxs.

Fábricas que hoy son edificios con departamentos de lujo, bares emblemáticos por donde ha pasado la historia viva de Saavedra que hoy son supermercados o concesionarias de autos, arroyos bajo tierra, túneles que dividen el barrio, el cemento que avanza cada vez más, espacios de ocio y deportivos se van trasformando en más departamentos que comprará gente que luego los pondrá en alquilar, y así….

La colonización del espacio por parte del capitalismo tardío es abrumadora: reproducciones de lugares que en cualquier parte son los mismos, lugares que ya son no-lugares. Solo pareciera quedarnos un sinfín de ausencias que nos persiguen como fantasmas a riesgo de perderlo todo, nuestra memoria e identidad.

La fotografía me ayuda a poder rescatar(me) por lo menos algo de todo esto que siento que ya no está, o que no existirá más dentro de poco. Algo así como exorcizar los fantasmas o tal vez, volver a la vida algo por unos segundos.

Sin caer en un modo nostálgico intento rescatar lo que aún no ha sido conquistado y visibilizar y denunciar las pérdidas(robos).

En pocos años se han construido decenas de edificios que cambiaron desde la rutina del barrio hasta su fisonomía. Bloques de cemento que, entre otras cosas, taparon las vistas, y en vez de árboles, cielo, pájaros, luna, vemos paredes. Con las fotos también intento recuperar esos lugares en donde todavía se puede ver, se puede habitar, se puede sentir.

-¿Hace cuánto que vivís en Saavedra? ¿Cuáles son los lugares que más frecuentás cuando no se trata de fotografía?

-Mi historia con Saavedra es de toda la vida. Si bien hace 10 años que vivo acá, mi familia -tanto mis viejxs como mis abuelxs- son del barrio. Mi abuelo nació en Saavedra en 1929 y nunca vivió en otro lugar que no sea este. Por lo que llevo una vida acá, entre historias, familiares, anécdotas, amiguxs, colegio, etc.

Los lugares que frecuento lamentablemente han cambiado durante este último tiempo, un tanto por la “evolución” que ha tenido el barrio y otro tanto por este último periodo de pandemia y aislamiento en el que pasamos mucho tiempo sin habitar el exterior.

Últimamente salgo mucho en bici a recorrer el barrio. Me gusta ir para el lado de La Copita, el Parque Sarmiento, la Plaza Mugica, la Plaza Alberdi y la Av. Goyeneche. Si hay algo hermoso que aún conserva este barrio -aunque no libre de amenazas- es el espacio verde público. Por eso es que casi que abandoné la vieja costumbre de frecuentar el Parque Saavedra, ya ultracomercializado.

También solía frecuentar dos o tres bares del barrio -aunque no he retomado esa actividad aún- y sé de alguno de ellos que lamentablemente ha tenido que cerrar.

Trato de comprar todo lo que puedo en el barrio y, en la medida de lo posible, no en grandes cadenas, para estar en contacto con lxs vecinxs y colaborar con los comerciantes de la zona.

Como también juagaba al fútbol y actualmente soy entrenadora de fútbol, muchas veces intento trasladar esas actividades para Saavedra de manera de colaborar con las canchitas de por acá.

En definitiva, todo lo que puedo lo hago en el barrio porque pienso que es una forma de sostener las redes entre vecinxs y que estas mismas mantengan viva nuestra identidad, que no para de ser atacada y progresivamente se está perdiendo.

-Hay algunas fotos más ligadas a lo artístico que incluso se complementan con frases o citas. ¿Cómo se te ocurren estas composiciones? 

-Me valgo mucho de otras artes a la hora de componer, especialmente del cine, la música y la literatura, porque son las que me conmueven profundamente.

Suelo relacionar ideas de libros que estoy leyendo; escenas, colores o diálogos de películas que me gustan; frases o melodías de canciones.

Todo esto me sirve en el desarrollo del proceso creativo, muchas veces en forma de ideas disparadoras. Pueden surgir desde emociones, tipos de luces o sombras, colores determinados, etc.

Creo que no hay como valerse de nuestro bagaje cultural, que en definitiva es lo que somos, para crear desde ese lugar algo realmente propio.

En el caso específico de fotografiar Saavedra el tango para mí es como una apoyatura imprescindible. ¿Cómo caminar por cualquier calle y no imaginar al Polaco acompañándote a cada paso? ¿Cómo ver Sur y no tener ganas de salir a fotografiar el barrio?

-También hay fotos de coberturas como las marchas feministas o Guernica. ¿Qué decisiones estéticas o políticas tomas a la hora de elegir cada foto? 

-Me gusta tomar fotos de marchas o protestas, especialmente con las que estoy de acuerdo y me incluyo también como participante. También intento cubrir acontecimientos o sucesos que considero fundamentales para denunciar las desigualdades del capitalismo y para reclamar por la ampliación de derechos.

Esto es algo que considero responsabilidad de cualquier persona, haga el trabajo que haga, pero por supuesto hay quienes asumen esa responsabilidad y la elijen y quienes no.

Entiendo que somos muchxs fotógrafxs y trabajadorxs de la comunicación cubriendo estos acontecimientos y queriendo decir algo al respecto, por eso intento tomar fotos que salgan del lugar común de las típicas imágenes que suelen verse en los medios al otro día sobre el tema que fuiste a cubrir.

A la hora de tomar decisiones, de 100 fotos o las que sea que haya sacado, usualmente me termino quedando con 2, 3, 5, depende del caso. Elijo las que entiendo que pueden mostrar algo diferente, lo no evidente, lo oculto, lo que encierra una mirada, un objeto o un acontecimiento.

-Hay fotos de viajes como en Jujuy, ¿Cómo es la experiencia de retratar un lugar que antes no conocías o al que no vas a volver en mucho tiempo?

-En el caso de los viajes me pasa lo mismo que te comentaba antes. Trato de sacar fotos que salgan del lugar común de la típica foto de viaje. En ese sentido, ya no se trata solo de retratar un paisaje “lindo” sino de ver qué más hay detrás de lo que el lugar ofrece a simple vista, o de cómo está preparado para presentarse a lxs foránexs.

Para esto, lo mejor es ya haber ido al lugar alguna vez, si has tenido la suerte. En el caso del NOA fui varias veces en diferentes etapas de  mi vida. Es un lugar fascinante y cada vez que voy elijo descubrir algo distinto, algo que las anteriores veces no vi o vi de otra manera. Lo mismo me pasa con otros lugares de nuestro país como Entre ríos, Córdoba, Santa Fe, a los que tuve la suerte visitar más de una vez.

En el caso de lugares que conocés por primera vez se torna un poco más difícil ya que te entra esa ansiedad de querer descubrirlo rápido, de “sacarle la ficha”, de encontrar esos rincones mágicos. Lo importante es entender que eso necesariamente lleva su tiempo, que es imposible hacerlo en un primera golpe de vista y que te vas a ir con las fotos que te tengas que ir: las que el lugar te brinde y las que vos estés dispuesta y abierta a generar. Entendiendo que el lugar no es solo algo físico sino que lo conforman su gente, su historia, su memoria, su visión de futuro, sus posibilidades, etc.