Cooperativa de Editores de Medios de Buenos Aires
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Crecer y expandir vitalidad

Observando la lluvia que cae sobre la única hoja de una planta moribunda que rescaté hace más de siete meses, me llevó a recordar ese momento, cuando la encontré a penas con vida, la pobre oreja de elefante al igual sus hermanos, incluidos sus primos -dos árboles jóvenes- fueron desgarrados de su conexión con la tierra. Los dueños del lugar habían vendido y el nuevo, evidentemente no los adoptaría, quedó demostrado cuando los albañiles limpiaron todo el terreno y las arrojaron al contenedor llenos de escombros de su anterior morada.

Pero como todo en la vida, cuando llegan momentos difíciles siempre una luz ilumina un nuevo camino: de causalidad tres mujeres desconocidas entre nosotras pasábamos por esa esquina, sentimos que podíamos rescatarlas y así una a una fue sacando de ese pozo oscuro los verdes seres. Por un tema de llegada, las mujeres anteriores se llevaron las plantas que estaban mejor, e iban descartando a una de las más maltratadas. Cuando llegó mi momento de encontrar la nueva integrante del balcón de casa, quedaba una sola planta con sus hojas rotas, no la descarté, decidí llevarla igual. En toda su apariencia parecía que le quedaba poca vida pero al ir sacándola encontré un tallo verde brillante y a medida que buscaba entre los escombros me di con que medía más de un metro. Me animé a buscar en lo profundo sus raíces y con mucha fuerza la liberé de ese destino que la asechaba. La llevé a casa e intenté hidratarla, corte algunas partes de las hojas rotas, busqué buena tierra y una maceta ya que tenía buenas raíces; tenía la esperanza de que pueda sobrevivir. Al tiempo no quedó más que un solo tallo y hace tres días vi que una pequeña hoja comenzó a salir.
Nunca dejé de regarla, confié que lo lograría, y ahora en esta noche oscura con una leve línea de luz de la calle puedo ver su cuerpo enroscado pero altivo, aferrándose a crecer y oxigenando todo su ser entre gotas de agua que lleva la brisa, con esa imagen en la pupila me fui a descansar, “mañana será otro día”, me dije.
Muy temprano desperté y tomando las últimas líneas de este relato miré a mi amiga de brillante tallo lleno de rocío y su hoja estaba más abierta que hace unas horas, tal vez escuchó el sonido del teclado avisándole que era la protagonista de esta pequeña historia. Al mirarla por unos instantes pensé que ni la situación tan nefasta que tuvo que vivir la detuvo, al contrario aceptó soltar su viejo ropaje para crear uno nuevo. Cuánta sabiduría tiene la naturaleza, qué profunda lección me dio este ser vivo. En este momento tan difícil que vivimos en nuestro país, y en el mundo entero, siento que al igual que ella, estamos transitando una nueva realidad, tal vez tengamos que tomar fuerza desde nuestras raíces oxigenándolas y afianzándolas al presente inmediato, entendiendo que la reflexión es sobre nosotros mismos, dejando de mirar hacia afuera porque la vitalidad y la fuerza está adentro. Tal vez sea el momento de empezar a soltar las capas de dolor, enojos, críticas que solo son hojas rotas que nos quitan tiempo y vida, al igual que la planta amplifiquemos nuestras capacidades de reparación emocional, física y espiritual.
Sanemos con determinación y coraje, escribamos una nueva historia, calibrando la energía del corazón para vibrar en amor y así ayudarnos entre todos a restablecer la armonía del mundo.

Gabriela Navarro
gabrieladelmilagro1@gmail.com