Cooperativa de Editores de Medios de Buenos Aires
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El arte de vender ladrillos

El recuerdo de las históricas inmobiliarias de Liniers, en los años 60’ y 70’.

Por Daniel Aresse Tomadoni (*)

Liniers siempre fue un barrio pujante y progresista, desde sus orígenes comenzó a poblarse alrededor de su estación y, con el correr de los años, los terrenos adquiridos se convirtieron en construcciones y el barrio comenzó a florecer. En las primeras décadas se levantó el magnífico Barrio Tellier o el de “Las Mil Casitas”, o “casitas municipales”, dándole ese impulso único e imparable a toda la zona. Claro que, al comienzo, las operaciones inmobiliarias se realizaban en forma directa entre vendedor y comprador, a través del clásico “Dueño Vende”, pero poco a poco fueron surgiendo numerosas inmobiliarias que trascendieron a través del tiempo.

Nobleza obliga, una de las primeras fue la de mi tío, Juan Benigno Tomadoni, que venía de una tradición familiar cuando mi abuelo Juan Atilio instaló su primer local en su casa de Ciudadela. Como no podía ser de otra manera, mis primos también continuaron el destino de la inmobiliaria familiar por algunos años más. Allí también, a mediados de los años 60’, participó mi padre, José, ya recibido de martillero público y corredor inmobiliario. Y como si fuera poco, los Bigi, parientes de mi tía, también contaron con su local de propiedades que, como en el caso de mi familia paterna, se extendió luego a las distintas generaciones.

Y si hablamos de “martilleros” o “rematadores” en aquel Liniers de antaño, uno de los más antiguos y prestigiosos fue Juan Giacomello, cuyo local se ubicaba sobre Montiel, entre Palmar y Ventura Bosch. En la cuadra siguiente, en Montiel e Ibarrola, por algunos años funcionó la inmobiliaria de Salvador Palermo, que se dedicaba a la venta de propiedades en zona oeste. Justo enfrente funcionó la Administración Liniers, llamada “la bolsa hotelera”, porque su fuerte era comprar hotelitos en la Costa Argentina, al margen de vender en el barrio. Cerca de allí, en un sencillo local de General Paz y Palmar -luego ampliado numerosas veces- Antonio Borrajo fue líder en ventas por la zona. Con los años se mudó a Ramón Falcón y Montiel y más tarde a Cosquín y Falcón.

Si nos trasladamos por Cosquín, cerca de allí, la inmobiliaria Terán también fue una de las pioneras en la zona. A un par de cuadras, sobre Ibarrola y Carhué, se encontraba Russo Propiedades. En su mayoría estos locales funcionaron en parte de las “casitas municipales”. Sobre Carhué también se encontraba el local de Vanni Propiedades, hoy en Cosquín y Falcón. Recuerdo el local de Jorge Gau, ubicado en Ibarrola entre El Mirasol y Montiel, con un patio enorme en su entrada y la particularidad de colocar en sus paredes laterales los numerosos carteles de “Se vende”, esperando ser instalados en alguna propiedad.

Otro clásico de la zona fue Feola, luego llamado Vitale-Feola, firma que aún permanece en su local de Ramón Falcón entre General Paz y José León Suárez. Saliendo de la parte céntrica del barrio, en Carhué y Humaitá, Carballo Propiedades aguardaba a sus clientes en un pequeño local con una pared revestida en ¡láminas de cobre! Y si nos alejamos un poco más, en Carhué y Ercilla, el enorme local de Maccaroni Propiedades ofrecía una interesante oferta tanto en Liniers como en Mataderos, al igual que Nolé, en la esquina de Montiel y Emilio Castro.

Claro que, si ampliamos los límites geográficos, en la colectora de General Paz, sobre Ciudadela, dos inmobiliarias multiplicaban la oferta: Veltri Propiedades y C. S. Malito. Hasta aquí he mencionado parte de las muchas inmobiliarias más emblemáticas de Liniers. Algunas de ellas se dedicaron a emprendimientos inmobiliarios o construcciones, como el caso de Casa Lisboa, que además de ser una importante zapatería del barrio, construyó una serie de edificios de pocos pisos, generalmente en las esquinas. Lo cierto es que el rubro inmobiliario siempre se mantuvo vigente en Liniers. De hecho, podría decirse que, junto al de las peluquerías, es el más nutrido en la zona incluso hasta la actualidad, con los vaivenes propios de los años, pero en constante crecimiento.

Hasta la próxima y muchas gracias por permitirme compartir estos recuerdos con ustedes.

(*) Aresse Tomadoni es director general de “Relatos del viajero” y “Épocas del mundo” que se ofrecen a través de Youtube