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Miles de simpatizantes bolsonaristas invadieron el Palacio del Planalto, el Congreso y la corte en Brasilia.

Hace tan solo unas horas, miles de seguidores del ex mandatario de Brasil Jair Bolsonaro, que defienden un golpe de estado como manera de derrocar al Ejecutivo que encabeza el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, salieron a las calles de Brasilia e invadieron hoy el Palacio del Planalto, el Congreso Nacional y el Supremo Tribunal Federal (STF), la equivalencia brasilera de nuestra Corte Suprema. Prácticamente no existió, a pesar de la gravedad de la situación, resistencia de la policía de la capital federal.

Luego de tan solo una semana en la que asumió la presidencia, después de haber vencido en ballotage a Bolsonaro, Lula da Silva hoy gobierna un país dividido, que giró por menos del 2 por ciento de los sufragios de la ultaderecha a la centroizquierda. Luiz Inácio Lula da Silva tiene por delante que atender un foso social y político que heredó del ex capitán Jair Bolsonaro, quien partió raudo hacia Estados Unidos (ahora vemos por qué) y dejó una bomba de tiempo que debía explotar hoy, que si bien en principio no tendría mayor eco en las Fuerzas Armadas, si contó con la complicidad de las fuerzas federales que debían proteger Brasilia, que desaparecieron de las calles mientras el bolsonarismo pedía a gritos salir del espacio democrático mediante un golpe de Estado a la “antigua”, militares de por medio.

Por esto Lula, tras calificar de “fascistas” a los manifestantes, determinó la inmediata intervención federal en Brasilia, hasta el 31 de este mes. Por otra parte, el gobernador Rocha decidió echar a su secretario de Seguridad, Anderson Torres, quien fuera ministro de Justicia de Bolsonaro y que “casualmente” se hallaba en los EEUU, en la ciudad de Orlando, la misma en la que se encuentra Jair Bolsonaro.

Al anunciar la medida el presidente de Brasil advirtió que los “terroristas” que los protagonizaron “pagarán con toda la fuerza de la ley”. VIDEO GENTILEZA DE TELAM SE, 08-01-23 – 22.43 HORAS.

El ataque, sin ningún lugar a duda alguna, fue planificado hasta el último detalle. Mientras una turba de unas 5.000 personas -llegadas en unos 80 ómnibus provenientes de diferentes provincias de Brasil- invadía el Palacio del Planalto (sede del Ejecutivo), otros se dividían de la columna para realizar la misma tarea en el Congreso Nacional (Legislativo) y en el ya mencionado TSJ (sede del Poder Judicial). En perfecta sincronía, otros simpatizantes del ex presidente, que además es ex militar, evangelista y de extrema derecha, protestaban en todo el país en la puerta de los cuarteles exigiendo el golpe, que se anule la elección de Lula y se reponga a Bolsonaro en la Presidencia de Brasil. Un verdadero espectáculo digno de otras épocas u otras latitudes… muy lejos de la idea de un país que es potencia regional y que tiene aspiraciones de serlo a nivel mundial también. Todo patético y al estilo del asalto al Capitolio de los simpatizantes de Donald Trump.

Recién luego cuatro horas la Policía Militar logró desalojar y recuperar los edificios por primera vez desde que  comenzó la invasión, mientras que la Policía del Senado reportaba la detención de 30 unas personas, según informaciones suministradas por el diario Folha de Sao Paulo.

Según palabras del presidente de Brasil, Lula da Silva, toda esta revuelta “se financió con dinero proveniente de sectores de la minería ilegal, el agronegocio y los traficantes de madera”. Y aseguró que “van a tener que pagar los policías del Distrito Federal que fueron filmados evitando detener a los manifestantes y también Bolsonaro…”, a quien acusó de estar convocando a insurrecciones antidemocráticas desde hace varios meses.

Al momento del ingreso de los que el presidente calificó de “terroristas”, Lula se encontraba en Araraquara, al interior de San Pablo, en una visita prevista en agenda desde el viernes para ver zonas de desastre causados por las lluvias.

Mientras que en un acto de cinismo brutal, el presidente del Partido Liberal de Bolsonaro, Valdemar Costa Neto, aseguró que esta manifestación “no representa al partido ni a Bolsonaro”.

La turba de manifestantes ultra derechistas rompió a su paso vidrios, cámaras de seguridad, armarios y despachos, tanto en el Planalto como en el STF. En este último edificio (el de la Corte) fue retirada la puerta del despacho de Alexandre de Moraes, el juez que investiga al bolsonarismo y al presidente por atentar contra la democracia desde 2020. “Este es nuestro mayor trofeo”, dijo uno de los miembros del alzamiento que había ingresado a la sede del tribunal, corazón del Poder Judicial de Brasil.

“Estos actos antidemocráticos deben ser castigados con todo el rigor de la ley”, afirmó el presidente del Senado, Rodrigo Pacheco. Y según el mismo legislador, los castigos deben darse “de manera urgente”.

Hay videos en las redes sociales de los propios manifestantes, que los muestra en las oficinas de los colaboradores de Lula y rompiendo los objetos a su paso dentro del Planalto. Aún ahora, algunos manifestantes seguían protestando en las afueras de los palacios sede de los tres poderes del gobierno brasilero.

A raíz de ello y de los acontecimientos que se sucedieron hoy en Brasilia, el ministro de Justicia del país hermano, Flavio Dino, calificó hoy el ataque de las hordas bolsonaristas como actos de “terrorismo” y “golpismo”, y también aseguró que el Gobierno identificará a los que financiaron los disturbios.

Essa absurda tentativa de impor a vontade pela força não vai prevalecer. O Governo do Distrito Federal afirma que haverá reforços. E as forças de que dispomos estão agindo. Estou na sede do Ministério da Justiça.

— Flávio Dino (@FlavioDino) January 8, 2023

“Esto es terrorismo, esto es golpismo. Estamos seguros de que la inmensa mayoría de la población no quiere la implantación de esta oscuridad”, dijo Dino hace minutos en conferencia de prensa brindada después de que las fuerzas de seguridad recuperaran el control del Palacio de Planalto (sede de Gobierno), el Congreso y el Supremo Tribunal Federal (STF), los edificios vandalizados por los simpatizantes ultra derechistas para pedir la reposición del ex presidente Jair Bolsonaro, a través de un golpe de Estado.

En la conferencia, Dino también informó que ya habían detenido a unas doscientas personas, pero que por la noche podrían aumentar el número de aprensiones.

Y la Abogacía General de la Unión (el órgano que sigue los casos en los que está el gobierno involucrado), pidió al Supremo Tribunal Federal la captura de Anderson Torres, ex ministro de Justicia de Bolsonaro, por considerarlo uno de los responsables del ataque a la democracia.

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Apoyo Internacional a Lula.

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La primera reacción que generó el intento de golpe fue de estupor y duda, lo que rápidamente desapareció ante la confirmación de que el golpe urgido por Bolsonaro y varios de sus ex funcionarios y seguidores, no contaba con apoyos dentro de las fuerzas armadas, y en especial del ejército.

De inmediato, la reacción de repudio por parte de los diferentes países latinoamericanos, a los que se plegó el resto de las naciones de América del Norte, Europa y el resto del globo, fue contundente. Tanto, como el respaldo a Lula da Silva, el presidente de Brasil surgido de la voluntad popular.

La invasión de simpatizantes de Jair Bolsonaro fue prepotente y bruta, un reflejo del Brasil que quieren construir: blancos, muchos de ellos rubios, con ingresos por más de 1200 dólares, provenientes del “campo”. El interior”blanco” de Brasil. (VIDEO de TELAM SE)

Mientras mandatarios como Gustavo Petro (COLOMBIA) o Pedro Sánchez (ESPAÑA), mostraron el repudio (y su apoyo a Lula) a través de las redes sociales, también lo hicieron el Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Santiago Cafiero y la presidencia pro tempore de la CELALC, a cargo de Alberto Fernández, quien apenas enterado de los incidentes, envió su rechazo de inmediato, junto al apoyo explícito a Lula Da Silva.

Lo de Brasil, en términos institucionales, es más grave que lo del Capitolio: los bolsonaristas invadieron también el Palacio de Planalto, es decir la sede del Ejecutivo, de esta manera. Es como si el trumpismo hubiera asaltado la Casa Blanca con connivencia policial. pic.twitter.com/RrNtmK5Clo

— Juan Manuel Karg (@jmkarg) January 8, 2023

Como presidente de la #CELAC y del #MERCOSUR, pongo en alerta a los países miembros para que nos unamos en esta inaceptable reacción antidemocrática que intenta imponerse en Brasil.

— Alberto Fernández (@alferdez) January 8, 2023

 

Por su parte, la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, luego del repudio y la solidaridad con Lula y Brasil, interpretó que los hechos del Capitolio y los ocurridos en Brasilia son tan similares que no se pueden escindir, por lo que “dejan de ser una simple casualidad”. Y a partir de allí planteó que “Los discursos del odio en medios de comunicación y redes sociales, la estigmatización del que no piensa igual, hasta querer inclusive suprimir su vida y la violencia son el signo contemporáneo de las nuevas derechas. No basta con el imprescindible repudio o la necesaria condenaQuienes creemos en lo nacional, popular y democrático debemos darnos además un análisis profundo y descarnado frente a este fenómeno que más allá de la existencia de organizadores, financiadores y responsables (que siempre los hay) captura a segmentos de la población (inclusive algunos en contra de sus propios intereses económicos) para jaquear la democracia”. Y terminó afirmando que “… confiamos en la experiencia de @LulaOficial  para afrontar este verdadero desafío a la democracia del Brasil”.

Y el Secretario de Estado de los EEUU, Antony Blinken, expresó en declaraciones a la prensa y por sus redes sociales que “Usar la violencia para atacar las instituciones democráticas es siempre inaceptable. Nos unimos a Lula para instar al cese inmediato de estas acciones”“no hay justificación alguna para estos actos”, concluyó.

También repudiaron el ataque y se solidarizaron con Lula y la democracia brasilera Gabriel Borik (CHILE), Guillermo Lasso (ECUADOR), el Canciller de México, Marcelo Ebrard, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el presidente francés, Emmanuel Macron, el ex presidente de Bolivia, Evo Morales, y el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, entre los primeros.

Aún esta cayendo la noche y se ven bolsonaristas facilitando la fuga. Esperemos que la cordura y el sentido común prevalezcan y hagan que el pueblo de Brasil se de cuenta que esto no es negocio para ninguno de ellos. Tan solo para un puñado de poderosos y sus servidores circunstanciales harán ese negocio para ellos y siempre en perjuicio de Brasil y de su gente.

 

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