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Mark Zuckerberg anunció el despido de 11 mil empleados de Meta: “Esto es difícil para todos”.

Y parece que llegó el día: ese capítulo de los Simpson donde usaban acciones de la empresa tecnológica de la que lo habían hecho socio a Bart, como papel higiénico y nadie se sentía sorprendido por ello, se hizo realidad. La burbuja que Zuckerberg creó y con la cuál fue una de las personas más ricas del mundo, finalmente explotó. El que hasta hace muy poco tiempo era el intocable zar de las redes sociales, propietario de Facebook, Instagram y WhatsApp, observa sin entender como sus acciones no paran de caer.

Ahora, tal como indican todos los manuales del neocapitalismo que domina los llamados “mercados” (palabra que hoy es más falaz que nunca debido a su conformación, basada en la posición dominante de un grupo reducido de individuos y conglomerados que hacen y deshacen a voluntad), Meta, la compañía creada por Zuckerberg para ser la matriz de los tres monstruos de su propiedad, junto a otras menores que orbitan a su alrededor, anunció que despedirá a 11.000 empleados (un 13% de su plantilla). Con el anuncio que realizó el propio Zuckerberg, se busca dar señales “tranquilizadoras” al mercado (pero nada tranquilizadoras para ninguno de los 11.000 caídos en desgracia), algo que nunca se conoce pues como dijimos, actúan a capricho de un pequeño círculo que con tan solo una videoconferencia mientras degustan las aceitunas de su Martini, especulan acerca del éxito o fracaso del caído en desgracia, tan solo con el fin primordial de lo que entienden por capitalismo: quedarse con todo lo ajeno por monedas sin importar cuantos trabajos, personas o hasta vidas, se encuadran detrás de su especulativo negocio. El summum del egoísmo y de la degradación de lo que se conoce como humanidad.

El anuncio se hizo a través de un comunicado con tintes de novela mexicana de Verónica Castro… cargado de disculpas y halagos a quienes finalmente echan a la calle, pero enseguida se sincera afirmando que se busca reconvertir Meta para hacerla “una empresa más ágil y eficiente mediante la reducción de los gastos discrecionales” (como es al final: ¿”talentosos empleados” o “gastos discrecionales”?) y anunció el “congelamiento de las contrataciones” hasta el primer trimestre de 2023, medida que parece impuesta por el Directorio del FMI.

Luego de esto, la misiva continúa con el tono lacrimógeno y poco creíble, afirmando que “sé que esto es difícil para todos (¿?), y lo siento especialmente por los afectados”, mintió para concluir dedicando unas palabras muy a la medida de los guiones del inolvidable Alberto Migre.

Dentro de lo que explicó acerca de las razones de la debacle, aceptó que existieron por la pandemia ganancias extraordinarias tal como sucedió con todas las empresas que trabajaban a través de las redes sociales e internet en general, ya que aumentó no solo el tráfico sino que fundamentalmente hubo un aumento inusitado del comercio digital, debido al encierro que debió soportar la mayorías de los países del mundo. Pero explicó que el error había sido colocar la mayor parte de ese excedente en inversiones , basándose en las predicciones de la mayoría de los economistas (neoliberales, en su mayoría) que habían asegurado que esa aceleración permanente “continuaría incluso después de que terminara la pandemia”, cosa que, como suele suceder, le pifiaron de cuajo (e insólitamente siguen laburando y cobrando fortunas por hablar estupideces con aires de sapiencia).

Es incluso gracioso que un tipo como Zuckerberg se muestre, en la debacle, infalible y humano como cualquiera: “tomé la decisión de aumentar significativamente nuestras inversiones (…) desafortunadamente esto no salió como esperaba. Y terminó afirmando que “no solo el comercio en línea ha vuelto a las tendencias anteriores, sino que la recesión macroeconómica, el aumento de la competencia y la pérdida de señales de anuncios han provocado que nuestros ingresos sean mucho más bajos de lo que esperaba. Me equivoqué y asumo la responsabilidad por ello”.

Y, con un final a toda orquesta, Zuckerberg le dice a quienes acababa de despedir que “recibirán un correo electrónico en el que se les informará sobre el despido”, y que luego “tendrán la oportunidad de hablar con alguien para obtener respuestas a sus preguntas”. Seguramente serán preguntas sin respuesta.

En cuanto al tema indemnizatorio, precisó que los empleados caídos en desgracia “recibirán el pago de 16 semanas de salario base más dos semanas adicionales por cada año de servicio, sin tope” , y además la empresa les cubrirá el valor de la atención médica para ellos y sus familias durante seis meses”.

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Que motivó el desplome de Meta de forma tan contundente y en tan breve lapso. 

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Hasta el 30 de septiembre, Meta tenía una plantilla de unos 87.000 empleados en todo el mundo distribuidos en sus diferentes plataformas, fundamentalmente las redes sociales Facebook e Instagram, y la plataforma de mensajería WhatsApp.

La idea que desvelaba a Zuckerberg, el llamado metaverso,

exigía para su desarrollo cuantiosas inversiones que el titular de la firma llevaba a cabo a rajatabla debido a su completo convencimiento de que por ahí iba la cosa, por lo que el error de cálculo se hizo rápidamente visible cuándo en el último trimestre de 2021 Meta registró una pérdida de 4.400 millones de dólares.

Como suele suceder en estos casos, las serpientes y víboras de Wall Street actuaron de inmediato e hicieron caer la acción, en tan solo un día, un 24,56%. La cosa continuó y, en menos de un año, Zuckerberg vio como sus empresas perdían algo así como 600.000 millones de dólares en capitalización bursátil.

Por todo esto, atendiendo a la cultura del “achique” del gasto (que siempre significa recorte de derechos y despidos masivos) Zuckerberg tomó la decisión de recortar significativamente su plantilla, además de jurar ante el Wall Street Journal (la Biblia del lugar) que no tomarían empleados hasta 2023.

El anunció actuó como detonador para una explosión de despidos: al de Meta le siguieron anuncios semejantes de Stripe (startup de pagos digitales) y Lyft (aplicación que conecta conductores y usuarios de coches), mientras que, nada menos que Amazon, dijo que congelaría la contratación en sus oficinas corporativas. Y Twitter, compañía que tras idas y vueltas adquirió el extravagante dueño de SpaceX, Elon Musk, quien apenas llegó, anunció el inmediato despido de casi la mitad de sus empleados.

¿Seguirán los despidos? ¿Estamos ante un cambio de paradigma? El tiempo dirá.

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