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La caravana sin fin o El viaje de los campeones

 

 

 

 

 

 

A un mes de la mayor multitud en las calles de toda nuestra historia después de la obtención del tercer campeonato mundial de fútbol, compartimos una ficción.

 

 

 

 

Por Oscar Campana

 

Procedente del Este, atravesando la pedregosa Ruta Provincial 288, el ómnibus que trasladaba a los campeones mundiales de Qatar 2022 llegaba finalmente a Tres Lagos. Los más de 400 habitantes del pueblo santacruceño no daban crédito a lo que veían sus ojos. Confirmaban que era verdad el rumor que desde hacía años se había instalado en el país: la caravana de la selección de Lionel Messi no se había detenido jamás.

Era un 2 de agosto: la víspera del aniversario del pueblo. “¡Qué delicadeza la de los jugadores: llegaron para la fiesta de mañana!”, pensaron los treslagueños. Sí. Era el 2 de agosto. ¡Pero de 2040! Hacía casi 18 años que el ómnibus había salido del predio de la Asociación del Fútbol Argentino en Ezeiza. Muchos de los que festejaban su paso ni siquiera habían nacido entonces.

 

Desde aquel lejano 20 de diciembre de 2022, la caravana fue recibida en casi todas partes. Solía aparecer de la nada misma, cerca del mediodía, en los lugares más imprevistos y recónditos del país. La preanunciaba un canto lejano como un viento que se va acercando: “En Argentina nací, tierra de Diego y Lionel…” Era su manera de homenajear a su tierra y a su pueblo. Y de hacerse cargo de la historia.

Los grandes medios de comunicación negaban cada día las noticias que se transmitían de boca en boca. De hecho aportaban pruebas gráficas y digitales: Messi retirándose del futbol en Newell’s Old Boys y Fideo Di María en Rosario Central; Nico Otamendi inaugurando una plantación de cannabis medicinal y Papu Gómez una cadena de choripanes; Dibu Martínez en su asunción de la cátedra Emotion & Social Relations en la carrera Experimental Psichology de la Universidad de Oxford; Julián Álvarez corriendo defensores en los entretiempos… Y así. Era el modo en que buscaban negar lo que de verdad estaba ocurriendo: la caravana de la selección seguía su marcha interminable por cada pueblo y ciudad del país.

 

A lo largo de todos esos años, es verdad, la vida no se había detenido. La selección argentina, con la presencia de los más jóvenes de aquella caravana, se alzó con varios de los títulos en los años que siguieron. Aunque para la hinchada tales conquistas no eran más que la continuidad de lo ocurrido en 2022. Y si bien llenaron de alegría los corazones de todos, el festejo que no se había detenido jamás era el de Qatar.

Entre tantas cosas que pasaron, presionada por la Unión Europea, la OTAN y la Cruz Roja Internacional, en 2024 la FIFA cedió al reclamo del pueblo francés para que la final de 2022 se juegue de nuevo. En un intento de ecuanimidad, no obstante, permitió que la AFA defina la sede. “En Amaicha del Valle, Departamento de Tafí del Valle, Tucumán. Pueden venir desde el sur, atravesando el Abra del Infiernillo. O desde el Noroeste, pasando por las ruinas de Los Kilmes”, comunicó lacónico Chiqui Tapia. Ignorante y temeroso de los caminos argentinos –y de sus nombres…–, el plantel francés decidió no viajar. La copa se quedó en casa.

Es que en Europa nunca dejaron de quejarse de la “vulgaridad” –decían– del plantel argentino. Para el Viejo Continente, sumido en guerras y conflictos xenófobos, los gestos de nuestro arquero seguían siendo una afrenta irreparable. Cada quién con su vulgaridad… Tales planteos no hicieron mella en el ánimo de La Scaloneta. El viaje de los campeones seguía su destino.

 

Algunos cronistas que salieron a la caza del acontecimiento, en su fracaso solían jactarse de ciertas inconsistencias. A veces ocurría que el mismo día, a la misma hora, la caravana era avistada en dos pueblos distintos y distantes a la vez. Así ocurrió en 2027 con Quehué (La Pampa) y Piedra Parada (Chubut), en 2032 con Fortín Olmos (Santa Fe) y El Caín (Río Negro) y en 2038 con Cangrejos (Jujuy) y La Amarga (Neuquén). A decir verdad, el recorrido de la caravana, antes que errático era misterioso. Porque más allá de estos casos de bilocación, sí está constatado que la distancia entre dos pueblos visitados con apenas un día de diferencia era imposible de ser explicada por el vehículo –siempre el mismo– en que se trasladaba. Frente a esta objeción, los que eligieron creer respondían si es que había alguien que pudiera explicar la atajada del Dibu Martínez en el final del tiempo suplementario contra Francia.

En algunos pueblos y ciudades del país no creen en la existencia de la caravana. Y el motivo es muy sencillo: “Por acá no pasaron” dicen sus pobladores, con una mezcla de celos y decepción. Son los casos de Nueva Francia (Santiago del Estero), Alemanía (Salta), Londres (Catamarca), Cristiano Muerto (Buenos Aires) y la Isla Becasses (Tierra del Fuego). “Todavía no pasaron”, matizan algunos pobladores falsamente esperanzados.

En otros pueblos varían las versiones acerca del conductor del ómnibus. Porque no siempre fue Claudio Zabala el que aparecía al volante. En Alto Pelado (San Luis) cuentan que Germán Pezzella manejaba con una mano, mientras escondía la otra en su espalda. Sería un reflejo propio de los defensores, porque el Cuti Romero siguió sus pasos en Monte Buey (Córdoba). Quizás fue la ilusión homónima, pero cuando la caravana llegó a Montiel (Entre Ríos), al mando de la máquina estaba Gonzalo, el autor del penal que nos dio el título. Lo mismo pasó con Lautaro Martínez en Agua del Toro (Mendoza) y con Alexis Mac Allister en El Colorado (Chaco).

Hubo pueblos llenos de agradecimiento, porque terminaron comprendiendo su nombre como premoción del título en Qatar 2022, quizás olvidando, luego de tantos años, los motivos que llevaron a sus parajes a llamarse como tales. Fue el caso de Los Laureles (Corrientes), Buena Esperanza (San Juan), Colonia Reconquista (Formosa), El Dorado (Misiones) y Leales (Tucumán), entre tantos otros.

En Pucha Pucha (La Rioja) los pobladores le contaron al equipo campeón que sólo entendieron el significado del nombre de su pueblo frente al doble empate de Francia. Algo parecido ocurrió en la base antártica Orcadas. El fútbol a veces depara epifanías.

 

Hay una versión malintencionada que repite que el mismísimo 20 de diciembre de 2022, los jugadores se bajaron del ómnibus en la Autopista Ricchieri y completaron en helicópteros la caravana acordada. Todo debido, dicen, a los millones de personas que hacían imposible cumplir con el recorrido previsto. Pero casi todos sabemos que la verdad es otra. La marcha de los campeones, que empezó ese día, no terminará jamás. Cada paraje, caserío, pueblo y ciudad de nuestro país dan fe de ello. Y la seguirán dando.

 

La memoria del viaje de los campeones se pierde en el tiempo, el espacio, el misterio. El último avistaje de la caravana ocurrió cerca del faro de Cabo Vírgenes, en el extremo Sur de Santa Cruz. Alguien dice haber visto el ómnibus de la selección en la playa, apuntando hacia el Este, como un barco que quisiera echarse al mar. Alguien dice haber escuchado una voz, probablemente la de Messi, que arengaba a sus compañeros: “Vamo pa’allá, muchacho. Hay una Islas que son nuestra”.

Quién sabe dónde aparecerán de nuevo. Y qué traerán a la vuelta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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