Cooperativa de Editores de Medios de Buenos Aires
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Grandes bibliotecas de la historia

En este viaje al pasado, las primeras bibliotecas griegas

Por Alejandro Andrés Bressi (*)

En esta quinta entrega -o papiro N° 5- de los grandes centros de conocimiento de la historia, les propongo viajar en el tiempo para bucear en el origen de las primeras bibliotecas griegas.

La rica literatura del pueblo griego fue oral hasta el siglo VIII a.C. A partir de ese momento se inició allí la composición escrita, quizás con la redacción definitiva de los poemas homéricos: “La Ilíada” y “La Odisea”. Pero las obras que componían por escrito los autores y acababan con la anonimia tradicional, se difundieron oralmente mediante el canto, la recitación de memoria o la lectura en voz alta.

Los tres cantares más representativos de esta forma de transmitir el conocimiento fueron: La Chanson de Roland (Francia), El cantar del Mío Cid (España) y El cantar de los Nibelungos (Alemania).

El público recibía los mensajes de los autores no a través de la vista, sino del oído, gracias al recitador profesional (rapsoda), o a los cantantes, es decir, a través de los intérpretes, con lo que el efecto era mayor, al igual que la audiencia, que por lo general estaba formada por analfabetos. El tramo final de esta evolución lo constituye el teatro ateniense del siglo V a.C., en el que brillan entre los cultivadores de la tragedia, Esquilo, Sófocles, y Eurípides, y entre los de la comedia, Aristófanes.

Es durante este siglo, el brillante siglo de Pericles en el que se construye la acrópolis, cuando empieza a generalizarse la lectura individual, aumenta notablemente la producción de libros e incluso surgen en Atenas talleres que, de acuerdo con la tradición de los de cerámica y armas, fabricaban y exportaban libros. Los griegos heredaron el tipo de libro usado por los egipcios, el rollo de papiro, aunque también las tabletas enceradas o enyesadas (pinaques y deltoi) para notas, y los óstraco (en el Antiguo Egipto este término se aplica a los fragmentos calcáreos o de cerámica, sobre los que el escriba o el aprendiz de escriba, esbozaba un dibujo o un texto), material muy utilizado para la emisión del voto.

Tan rápida fue la aparición de la lectura privada, que no dejó de sorprender que Sócrates (entre otros) desconfiara de esta nueva manera de ilustrarse, pues el libro, en su opinión, no podía sustituir al maestro y podía, en cambio, debilitar la memoria y hacer a los lectores sabios pero ignorantes en realidad, llenos de ideas que no entendían y repetían jactanciosamente.

En Atenas en el siglo V ya había personas que poseían colecciones de libros más o menos abundantes. Podemos citar muchos ejemplos, que dejaremos para otros artículos, pero sí diremos que Jenofonte, en su texto “Los memorables”, narra una conversación sostenida entre Sócrates y el hermoso muchacho Eutidemo, que había logrado reunir un buen número de escritos de poetas y sabios y continuaba juntando más y más.

No fue hasta el siglo VI y a pesar de las leyendas sobre bibliotecas formadas por dos famosos tiranos, el ateniense Pisístrato y Polícrates de Samos, que no se puede hablar sobre bibliotecas formadas como tal.

Aulo Gelio (historiador adepto a escribir magnificencias) en sus Noches Áticas, escribió “se dice que el tirano Pisístrato fue el primero en establecer en Atenas una biblioteca pública con libros referentes a las artes liberales. Polícrates de Samos ejerció una tiranía en su isla. Conoció la riqueza y el bienestar durante su gobierno en el que estuvo rodeado de artistas y poetas como Ibico de Regio y Anacreonte de Teos, quienes colaboraron intensamente para formar una abundante biblioteca”.

Por último, diremos que las afirmaciones de Aulio Gelio y Ateneo, está claro, recogen la tradición anterior, pero de todas formas, parecen obedecer a una falta de perspectiva histórica: aplican a grandes hombres políticos, favorecedores de poetas y aficionados a la literatura. El ejemplo histórico posterior de los Ptolomeos, fueron un poderoso reino helenístico (en África) y de la Biblioteca de Alejandría, fue, es y seguirá siendo, el gran acontecimiento donde surge la gran cuna del conocimiento e investigación.

Nos encontramos en la próxima entrega. Y recuerden que recibimos sus consultas, sugerencias y opiniones en el correo electrónico: alejandroandresbressi@gmail.com.

(*) Bressi es vecino de Liniers, bibliotecario profesional, exresponsable de la biblioteca José Hernández, profesor de inglés, historiador e investigador de las grandes bibliotecas de la historia.

En este viaje al pasado, las primeras bibliotecas griegas
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