Cooperativa de Editores de Medios de Buenos Aires
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El cuchillo Pallarols de Tito Tinto

Con Gabriela, mi señora, hicimos como otros años un viajecito en auto a su hermosa ciudad natal Salta. Parando en casa de su, bueno nuestra, mamá, Elena, y visitando a familiares y allegados tuve un día un sueño que me hizo comunicarle a Tito donde estaba. En el mundo onírico su padre, don Vicente Palazzo Caputo no me decía nada con palabras, pero sí me reconfortaba verlo, era (en el sueño) el dueño de un bodegón del Abasto donde yo trabajaba. Recuerdo que me dio gusto verlo bien, con su mirada lúcida y vivaracha. Al día siguiente le avisé a su hijo donde estaba. Es que Tito está desarrollando una serie de cortos con diferentes formatos con intención de acompañar la reapertura de los bares del Abasto que vienen de capa caída luego de un año muy difícil, semi cerrados por el ASPO y el DISPO. En esos cortos implican que él, como personaje Tito Tinto del Abasto que luego se encuentra con algún personaje en uno de los bares del barrio despierta en su habitación con su cubrecama con tapas de la revista El Abasto; trabajo que me comprometí a hacer y por ende avisé porqué no estaba concretado. Desde su cama, por la ventana se ve el gran coloso, el Mercado, y entre los objetos que enfocará la cámara habrá un facón, objeto obligado de todo guapo del Abasto. Ese cuchillo no es uno cualquiera, es una obra del gran orfebre Pablo Pallarols, que actualmente vive en Salta. Así que ante mi aviso el pedido de Tito fue que me vuelva con la obra maestra. Ese mismo día fuimos con mi señora y doña Elena a la hermosa casa que habita Pablo, donde también tiene su taller.
Las coincidencias no fueron pocas, vive a la vuelta de donde se crío Gabriela y donde vivió tantos años Elena. En la entrada de la casa diseñada para que entre el sol por todos lados Pablo tiene muchas plantas, su nuevo cable a tierra. Además están sus perros que acompañan con afecto. La edificación está hecha a base de triángulos que no solo permiten al visitante volar la mente sino que le da posibilidad al sol de entrar por donde haya ventana abierta. Arriba en el atelier nos sentamos a charlar un buen rato y pronto vimos que teníamos muchísima afinidad, especialmente en cuanto a la apertura y búsqueda espiritual que cada uno viene haciendo a su manera.
Pero volviendo a su oficio aclaremos que él es Pallarols de línea directa; su fallecido padre que fue orfebre toda su vida era hermano y socio de Juan Carlos. Desde el primer bastón de la democracia, en el 83, que su familia –tío y padre– hace los bastones presidenciales. Pablo con sus 17 años, miraba y pensaba si algún día le tocaría hacer algún bastón, y así lo ha hecho, por ejemplo, fue el encargado en Salta de la confección del bastón que recibió el gobernador Gustavo Sáenz y la intendenta Bettina Romero. “Soy la séptima generación con dos de mis seis hermanos que nos dedicamos a la platería”.
El estudio de los Pallarols está en San Telmo, sin embargo, a Pablo Salta lo ha venido tentando y cuenta que ya tuvo un par de intentos previos de establecerse en esa hermosa ciudad. El último fue hace como cinco años y allí está.
Nos cuenta que de chico se pasaba en el taller acompañando a su padre. Tuvo que aprender los peligros del oficio, se fue aclimatando con olores y pronto comenzó “a calar maderitas balsas para hacerle mariposas a mi mamá. A los 14, formaba parte del equipo del taller con mi papá y mi tío Juan Carlos”. Hoy Pablo con sus 54 años y mucha experiencia del oficio ha tenido muchos alumnos, pasando la mitad de su vida transmitiendo el oficio: “Creo que el hecho de compartir este oficio fue romper un poco el paradigma del silencio y el secreto de lo valioso de la familia. Me alivió el peso o la responsabilidad de llevar un apellido tan prestigioso en la orfebrería”.
“Me siento un poco ecléctico, si bien mi familia se caracterizó por el plateresco español he tenido mucha influencia de artistas de la cultura y escultura por formarme con ellos y hoy no me siento encasillado en un estilo específico” cuenta mientras nos muestra una obra que juega con la creación: un colibrí revoloteando delante de un libro con la imagen de una flor, mientras más abajo en el mango del mismo cuchillo está la misma flor. Como veníamos hablando del arte y la tentación de ver el mundo desde los bares y otros lugares bien populares le confieso que al ver ese mango de cuchillo me resuena la frase de Oscar Wilde que decía que la vida copia al arte. En otros palabras, y volviendo a nuestro diálogo espiritual, podríamos confirmar que de ser así somos los hacedores de nuestros destinos.

R.S.

La foto de “portada” es Pablo Pallarols según Eltribuno.com