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Acuña afirmó que va a sancionar a Julio Pasquarelli, vicerrector del Mariano Acosta.

El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de esa mezcla de Frankenstein y Patricia Bullrich que es Soledad Acuña, le inició un sumario administrativo al vicerrector de la Escuela Normal Superior N°2 DE 6 “Mariano Acosta”, con el supuesto objetivo de investigar los hechos que se llevaron adelante durante la toma de la institución en septiembre pasado, en los que la ministra afirma que “no tolerará el adoctrinamiento en nuestras escuelas”, algo que no se observa en el video, en el que el directivo de la prestigiosa escuela de Balvanera en el límite con Almagro tan solo hace una defensa del derecho a protestar de la comunidad escolar (docentes, padres y alumnos) y llama a defenderse justamente de los actos que buscan disciplinar mediante castigos y/o sanciones a quienes protestan por la desinversión y el abandono a los que somete el GCBA a la educación pública. En síntesis, a los que cuestionan el modelo educativo que propone el tándem Larreta-Acuña.

“HAY UN EQUIPO DIRECTIVO QUE SABE QUE TIENE ESPALDA SUFICIENTE COMO PARA QUE SI TOCAN A UN SOLO PADRE, A UN SOLO ESTUDIANTE, A UN SOLO DOCENTE, VAMOS A SALIR A LUCHAR Y NO LO VAMOS A PREMITIR”, dijo Pasquarelli ante padres, docentes y alumnos congregados en la puerta de la escuela.

Justamente de la comprensión de las palabras de Julio Pasquarelli, se comprende esta situación que Acuña busca ocultar, haciendo un relato mentiroso de la situación. Al afirmar que el docente del establecimiento educativo está sosteniendo una actitud que dista de lo que debiera ser un entorno que propicie el diálogo y la convivencia pacífica”, Soledad Acuña no solo miente, sino que busca imponer las condiciones para que ese diálogo sea posible. Condiciones que sencillamente se resumen en “hace lo que yo te digo y te va a ir bien…”.

Completó la faena el propio Larreta, quien en un “acting” ante la prensa y si que se le moviera un pelo, realizó un discurso en la misma línea en el que afirma que “no vamos a dialogar con los que propician la violencia”, algo que suena ridículo viniendo de la persona que ordenó a lo largo de sus dos mandatos reprimir a docentes, médicos, manifestantes en protesta por el intento de modificación de la ley de jubilaciones, y que además fomenta “la mano dura con una policía pobremente entrenada, formada en una escuela más adepta a la violencia que a la convivencia democrática, y en muchos casos, con personal contratado entre exonerados de la Policía Federal. Habló de diálogo y con él y su gobierno solo es posible si la otra parte accede a todos sus deseos, convirtiendo lo que llama “diálogo” en extorsión o imposición, según la situación.

Además, codo a codo con su ministra, sacó horas docentes, no titulariza cargos desde 2012, intentó cerrar escuelas nocturnas (las comunidades dónde estaban radicadas protestaron fuertemente y dio marcha atrás) y generó negocios a través de las “pasantías” que otorgó a empresas que utilizan a los chicos como mano de obra barata en realidad, regalada) por lo que, por ejemplo, mandó chicos a trabajar con los concesionarios de comedores escolares (ver Urbanave Nro. 100, septiembre de 2022). Esto último es tremendo: mientras le sirven comida de pésima calidad, escasa y a veces en mal estado, parte de estos mismos chicos debe trabajar gratis para ellos. Imposible de entender, menos de digerir. No conforme con sancionar docentes, también hablo de los padres, a los que pretende imponerle multas de más de $50 millones por apoyar a sus hijos en su derecho a protestar por tener que asistir a establecimientos educativos en los que los techos se caen, no cuentan con calefacción (menos aún con refrigeración) adecuada o directamente no cuentan con ninguna, con roedores caminando por los comedores o salones en los que se brindan clases… Son jardines, escuelas, colegios o profesorados dependientes del Jefe de Gobierno (manera de llamar al intendente pero subiéndole el precio) y gestionados por su gerenta, Soledad Acuña, donde el personal de maestranza escasea pues el gobierno porteño no cubre los cargos que quedan vacantes, e incluso en algunos hasta falta también personal docente. Instituciones que fueron el orgullo de Buenos Aires y hoy se caen a pedazos sobre las cabezas de los que se supone debe proteger y enseñar. Y el pésimo mantenimiento de las escuelas no se debe al Gobierno Nacional (del que habla buscando confundir acerca de quien es el responsable de hacerlo), ni al calentamiento global o la crisis del petróleo. No. Se debe a que el PRO, desde que llego a la ciudad, le vendió espejitos de colores a muchos porteños mostrando bicisendas, metrobuses, bulevares, macetas, jardines de plástico y piletas pintadas. Pero destrozó a la educación pública y favoreció y alentó la privada, al igual que lo hizo en materia de salud y vivienda. Los tres pilares básicos de una ciudad próspera e inclusiva… a los que el PRO dejó de lado por otros objetivos: la especulación inmobiliaria a través de inversores, desarrolladores e inmobiliarias… negocios en los que hizo participar siempre a la misma  gente, con las mismas u otras empresas DE LOS MISMOS DUEÑOS. Que casualidad. 

Por eso, en vez de sancionar y culpar de todos los males a los alumnos, a la política, a los padres y a los docentes Larreta, Acuña y siguen las firmas deberían hacerse cargo de esta situación que ellos mismos generaron con su prepotencia y las políticas expulsivas de la ciudad que gobiernan, que hoy si miramos el mapa pareciera que le hubiesen dado un hachazo en la Av. Rivadavia. Y es entonces cuando se clarifica todo: un norte opulento, limpio, con plazas y parques muy bien cuidadas, escuelas y hospitales cuyos edificios están mejor mantenidas…

Porque lo que hacen con la escuela pública, la salud pública, las autopistas, las bicisendas, los impuestos por sobre la inflación, el abandono de una red de subterráneos que encarecen de igual forma a pesar de la inacción. Y también de la corrupción, no digo ya del dinero que fluye hacia vaya a saber en que bolsillos (aunque tenga una idea), sino del hecho de que representa la decadencia de una ciudad única para transformarla en un pastiche arquitectónico digno de Toto Paniagua.

Y el sur,… pobre, en algunas partes hasta miserable, con tasas de delincuencia que casi triplican a las de sus vecinos del norte, el próximo botín una vez que se rife el borde costero y se concluya con las cientas de excepciones al código de construcción. Cuándo ya resulte imposible hacer negocios, cuando los millones de metros cuadrados proyectados a ser construidos aún con Larreta en la ciudad, ese va a ser el momento de encarecer hasta la asfixia el m2 construido, algo que resultará en un éxodo masivo de una gran parte de los habitantes de esas zonas y luego de “relocalizar” los llamados barrios populares (antaño carenciados o “villas” de emergencia), el proyecto de una ciudad “para el que la pueda pagar” dejará de ser una promesa para ser la realidad diaria de la reina del Plata. Tan solo quedará una cáscara vacía de tradición, memoria y estilo, con lo cual nos quedará vender como Barcelona, sombreros mexicanos… o lanzas de guerra maoríes (vaya a saber), y Buenos Aires dejará definitivamente de ser “nuestra”. Será de los turistas, los acaudalados que la puedan pagar, algunos empleados dichosos de servir a los amos y los comercios (en su mayoría servicios) que atiendan las necesidades de esta chusma de la que Gardel, Borges, Piazzolla, Quinquela, Arlt, Charly, Berni, Cerasuolo,Pichuco, Cortázar, Bayer, Ceratti, y tantos otros porteños ilustres que no dudaría un segundo de irse corriendo buscando refugio en un lugar más acogedor y entrañable, como era su Buenos Aires querido.

¿Y Larreta? ¿O Macri, Ritondo, Bullrich, Acuña, Miguel, Vidal, Iglesias, Lousteau, o Michetti? Vaya a saber. Algunos enfilarán hacia la meca del millonario grasa: ¡Mayameee! Otros se quedarán a vivir de cara al río, disfrutando la profundización de los privilegios y la desigualdad exacerbada, disfrutando ese “pertenecer” del que se sienten parte fundamental. Y algunos, muy pocos, los menos diría, con el paso de los años sufrirán de haber sido parte de haber destrozado el alma de una ciudad que supo tener un brillo propio y al que solo con ese ataque brutal que encabezaron y la pasividad de los que habitábamos en ella, se fue apagando como la vida de un enfermo que abandonamos de manera negligente por solo unas pocas monedas y una ilusión de ser parte de lo que jamás tuvimos la menor oportunidad de ser.

Es tarde… me voy a dormir. 

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